martes, 9 de noviembre de 2010

DEPARTAMENTO DE LENGUA Y LITERATURA CASTELLANA

1º ESO

HÁBLAME DE ESO, Antonio Jiménez Ariza (Everest)
EL CRIMEN DEL TRIÁNGULO EQUILÁTERO, Emili Teixidor (Oxford)

2º ESO

HÁBLAME DE ESO, Antonio Jiménez Ariza (Everest)
MANOLITO GAFOTAS, Elvira Lindo
LAS LÁGRIMAS DE SHIVA, César Mallorquí
EL ÚLTIMO TRABAJO DEL SEÑOR LUNA, César Mallorquí
EL VALLE DE LOS LOBOS, Laura Gallego
EL SOÑADOR, Joles Sennell (Anaya)
IMAGÍNATE, ANDREA, Pilar Lozano (Oxford)

3º ESO

EL VALLE DE LOS LOBOS, Laura Gallego
NUNCA SERÉ TU HÉROE, María Menéndez-Ponte (SM)
EL BOSQUE DE LOS ÁRBOLES MUERTOS, Ana Alcolea (Anaya)
LA PERLA, John Steinbeck (Caralt)
EL ÚLTIMO TRABAJO DEL SEÑOR LUNA, César Mallorquí
EL SECRETO DE LA FOTO, Lola Suárez Suárez (Anaya)
TRES PASOS POR EL MISTERIO, Agustín Fernández Paz (Anaya)
CAMPOS DE FRESA, Jordi Sierra i Fabra (SM)
EL ALQUIMISTA, Paulo Coelho
SIN NOTICIAS DE GURB, Eduardo Mendoza
LA ZAPATERA PRODIGIOSA, Federico García Lorca (Anaya)

4º ESO

LA ZAPATERA PRODIGIOSA, Federico García Lorca (Anaya)
ALAS DE FUEGO, Laura Gallego
ALAS NEGRAS, Laura Gallego
20 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA, Pablo Neruda
EL MISTERIO DE LA HABITACIÓN CERRADA, Emilio Calderón (Anaya)
LA CASA DE BERNARDA ALBA, Federico García Lorca

1º BTO

LA CELESTINA, Fernando de Rojas (Adaptación: Alfredo Reina) (Bambú)
NUEVE LIRAS DE HIEDRA Y UN SECRETO, VVAA (Bambú.)
LA VIDA ES SUEÑO, Calderón de la Barca
EL ESTUDIANTE DE SALMANCA, José de Espronceda
EL POEMA DEL MÍO CID, Anónimo
EL LAZARILLO DE TORMES, Anónimo
FUENTEOVEJUNA, Lope de Vega
ANTOLOGÍA DE “EL QUIJOTE”


2º BTO

EL JUGADOR, Fedor Dostoievsky Akal
LA METAMORFOSIS, Franz Kafka Akal
LAS AVENTURAS DEL JOVEN WHERTER Akal
EL GAURDIÁN ENTRE EL CENTENO, J. D. Salinger Alianza
SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR, Miguel de Unamuno
COMO AGUA PARA CHOCOLATE, Laura Esquivel
LOS GIRASOLES CIEGOS, Alberto Méndez
BODAS DE SANGRE, Valle – Inclán
EL ÁRBOL DE LA CIENCIA, Pío Baroja

PCPI

EL MISTERIO DE LA HABITACIÓN CERRADA, Emilio Calderón (Anaya)

DEPARTAMENTO DE MATEMÁTICAS



4º ESO

LOS CRÍMENES DE OXFORD, Guillermo Martínez (Destino)
UNA HISTORIA DE LAS MATEMÁTICAS PARA JÓVENES. DESDE LA ANTIGÜEDAD AL RENACIMIENTO, Ricardo Moreno y José Manuel Vega Montaner (Ediciones Nivola)

DEPARTAMENTO DE LATÍN Y GRIEGO


4º ESO
GUÁRDATE DE LOS IDUS DE MARZO, Lola González (SM)

1º BTO

LAS AVENTURAS DE ULISES, Rosemary Sutcliff (Vicens Vives)
GUÁRDATE DE LOS IDUS DE MARZO, Lola González (SM)

DEPARTAMENTO DE GEOGRAFÍA E HISTORIA



1º ESO


ASÍ VIVÍAN LOS EGIPCIOS”, Narcis Fernández Rubio (Biblioteca Anaya)
ASÍ VIVÍAN EN AL-ANDALUS, Jesús Creus Romero de Tejada (Biblioteca Anaya)
ROBINSON CRUSOE, Daniel Defoe (Vicens-Vives)

4º ESO

ROGER AX: LA DIVERTIDA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, Carlos García Retuerta (Alfaguara Juvenil)

1º BTO

SI ESTO ES UN HOMBRE, Primo Levi (Quinteto)
UN MUNDO FELIZ, Aldous Huxley (Debolsillo)

2º BTO

LA FONTANA DE ORO, Benito Pérez Galdós (Alianza)
SOLDADOS DE SALAMINA, Javier Cercas (Tusquets Bolsillo)

DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA


1º BTO

13´99, Frédéric Beigdeber (Quinteto)

LA "Y" AÚN TIENE ESPERANZAS


España llora por la "y" mientras América Latina lo hace por la "be corta" . La nueva ortografía desata el debate sobre uniformidad o diversidad

La Real Academia Española publicó su primera ortografía en 1741, pero se tituló Orthographía porque las reglas vigentes hoy no quedarían fijadas, con sus sucesivos ajustes, hasta 1815. La semana pasada 11 representantes de las 22 Academias de la Lengua Española se reunieron en San Millán de la Cogolla (La Rioja) para cerrar el texto de la nueva edición de la Ortografía. A falta de su ratificación por el pleno de las academias que tendrá lugar el día 28 en Guadalajara (México), la obra sustituirá en diciembre a la edición anterior, de 1999.

Una de las grandes novedades de la nueva Ortografía reside en proponer un solo nombre para cada letra: la i griega pasará a llamarse ye mientras uve sustituye a denominaciones como be baja o be corta. Las academias perseguían favorecer la unidad de una lengua de por sí muy unitaria -con más de un 80% de vocabulario común a ambos lados del Atlántico-, pero el mero anuncio de la propuesta ha levantado una polémica transoceánica que hierve, sobre todo, en Internet. Si en España se llora por la i griega, en América se vierten lágrimas por la be corta.

Humberto López Morales, de la Academia Puertorriqueña, responsable del Diccionario de americanismos y, como secretario general de la Asociación de Academias, miembro sin voto de la comisión de la Ortografía, explica el juego de equilibrios que dio lugar a los cambios: "Se debatió mucho ese tema, pero mucho, mucho, mucho", insiste, "y se llegó a un acuerdo: se aceptaba uve -mayoritario en España- a cambio de que se aceptara el ye de algunas zonas americanas". López Morales recuerda que la defensa más ardiente de la ye vino de la Academia Mexicana, cuyo peso demográfico es indudable: es el primer país del mundo por el número de hablantes de español (104 millones de un total de alrededor de 450; más del doble que el segundo: Estados Unidos, con 45 millones).

¿Era necesario jubilar la i griega y la be baja (o corta)? "La verdad es que no es una necesidad, pero sí una conveniencia. Es mucho mejor que todos los hablantes del mundo hispánico utilicen una palabra específica para algo, la que sea. Se trata de buscar una ortografía uniforme en todo el ámbito de la lengua". Humberto López Morales insiste en que el cambio de nombre de las letras es solo una propuesta: "Si no triunfara, la próxima edición tendría que dar marcha atrás. Pero la peor gestión es la que no se hace. Es casi un deber de las academias hacer estos planteamientos".

Para Humberto López Morales, que insiste en lo que muchas cosas del nuevo texto tienen de propuesta, lo importante es conseguir la "coherencia" de la ortografía con sus propias reglas: "Quitar el acento de solo es lo más lógico del mundo desde el punto de vista de la gramática española. No hay apenas expresiones donde se presente la ambigüedad. Y ahí está el contexto para resolverla". Las autoridades, es decir, los escritores son parte de las fuentes usadas por los gramáticos. Aunque los hay, como dice Javier Marías, "hipercorrectos", el futuro de la i griega, en parte, está en sus manos.



FUENTE: elpais.com

miércoles, 3 de noviembre de 2010

NUESTRA FERIA DEL LIBRO EN NOVIEMBRE

Por segundo año consecutivo adelantamos NUESTRA FERIA DEL LIBRO. Este año podréis visitarla y hacer cuantas compras queráis del día 2 al 5 de noviembre. El objetivo que nos planteamos es que en este momento podáis ya planificar las lecturas que vais a realizar durante este curso y que realicéis las compras necesarias a unos precios muy interesantes, pero sobre todo lo que deseamos es propiciar , una vez más ese mágico encuentro entre los libros y sus lectores. Además de las lecturas establecidas por los distintos departamentos para este curso, podemos encontrar los autores y las obras más destacados del momento, con una mención especial a Miguel Hernández.
Si queréis conocer las lecturas propuestas para este curso debéis preguntar a vuestros profesores o profesoras o consultar la lista de los títulos que nos han facilitado en este mismo blog.

Esperamos que la visitéis y que podáis beneficiaros de los descuentos que se van a ofrecer.

CONCURSO DE RELATOS DE TERROR




¿ERES CAPAZ DE ASUSTARNOS?


Con motivo de la festividad del Día de Todos los Santos y en concurrencia con el conocido festival de Halloween, la Biblioteca tiene el gusto de invitar a todo el alumnado del IES SIERRA DE MIJAS a participar en un concurso…
¡¡¡¡ DE MIEDO!!!


Atrévete a ponernos los pelos de punta, a helar la sangre en nuestras venas y a hacernos llorar de terror. ¿Cómo?
Con la magia de tu pluma (vale, de tu bolígrafo o tu procesador de textos).
Lee las siguientes bases, escribe un cuento de acuerdo con ellas y ¡A ver qué pasa!


BASES

1. El tema de los relatos estará relacionado con el terror o el misterio

2. Podrán participar todos los alumnos y alumnas del centro que lo deseen.


3. Extensión del relato:
• Mínimo 2 folios (por una cara)
• Máximo 10 folios (por una cara)

4. Los relatos se presentarán bajo pseudónimo, tu nombre auténtico lo escribes en una hojita, la metes en un sobre, cierras el sobre, escribes tu pseudónimo (sí, en el sobre) y lo entregas todo junto en la biblioteca del centro.




5. Fecha límite de entrega: 12 de Noviembre

6. Premios: Un único premio de 50 € al vencedor/a de cada una de las tres categorías (Primer y segundo ciclo de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos ).


POR CIERTO, LAS FALTAS DE ORTOGRAFÍA Y LOS RELATOS COPIADOS NO NOS DAN MIEDO, SINO QUE NOS ABURREN, Y ESO ES MUY, MUY MALO PARA TI







ENTREGA DE PREMIOS EL DÍA 16 DE DICIEMBRE

martes, 2 de noviembre de 2010

DÍA DE LOS DIFUNTOS


Una de las tradiciones de la fiesta de Todos los Santos y especialmente del día de Difuntos es la representación teatral del drama romántico Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. Si revisamos esta obra, o su anterior versión “El Burlador de Sevilla” de Tirso de Molina, encontramos rápidamente la razón de esta tradición: Don Juan, el joven seductor, pendenciero y sacrílego reta a la estatua del sepulcro de Don Gonzalo de Ulloa, a quien ha escarnecido en vida, a que asista a un banquete que dará en su honor.

Esta cena macabra es un desafío lanzado al mundo de ultratumba que responde: la estatua del Comendador Don Gonzalo de Ulloa aparece en la cena y se sienta junto al resto de comensales, después exigirá la misma cortesía: Don Juan debe acudir al sepulcro en el que ahora se encuentra el padre de Doña Inés para compartir con los muertos mesa y mantel.

Don Juan no haría honor a su fama si no asistiera a tal comida y en el último acto de la obra podemos ver los manjares que en la tumba le son ofrecidos: culebras, escorpiones, cenizas,… son los alimentos que le anuncian lo que sucederá: ya no está entre los vivos, lo que le espera, lo que ya es: fuego y cenizas. Todo lo que de sagrado queda en el mundo, es decir, todo lo que ha sido burlado y deshonrado el seductor a lo largo de su vida toma aquí venganza y es testigo de cómo la estatua del comendador arrastra a Don Juan a los infiernos, los mismos de cuya existencia dudaba en esta escena de la obra.

JUAN: ¡Hola! ¿Parece que vos
sois ahora el que teméis,
y mala cara ponéis
a los muertos? Mas, ¡por Dios
que ya que de mí os burlasteis
cuando me visteis así,
en lo que penda de mí
os mostraré cuánto errasteis!
Por mí, pues, no ha de quedar
y a poder ser, estad ciertos
que cenaréis con los muertos,
y os los voy a convidar.
AVELLANEDA: Dejaos de esas quimeras.
JUAN: ¿Duda en mi valor ponerme,
cuando hombre soy para
hacerme
platos de sus calaveras?
Yo, a nada tengo pavor.

(Dirigiéndose a la estatua de DON GONZALO, que es la que tiene más cerca.)
Tú eres el más ofendido;
mas si quieres, te convido
a cenar comendador.
Que no lo puedas hacer
creo, y es lo que me pesa;
mas, por mi parte, en la mesa
te haré un cubierto poner.
Y a fe que favor me harás,
pues podré saber de ti
si hay más mundo que el de
aquí,
Y otra vida, en que jamás,
a decir verdad, creí.





DON JUAN TENORIO

lunes, 1 de noviembre de 2010

LA NOCHE DE LAS ÁNIMAS

El monte de las ánimas [Leyenda soriana. Texto completo]
Gustavo Adolfo Bécquer


La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.

Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

-Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.

-¡Tan pronto!

-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.

-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?

-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.

Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.

Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:

-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.

Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.

Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.

Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.


II

Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.

Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.

Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.

Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.

-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.

Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.

-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?

-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.

El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:

-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?

Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.

Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.

Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:

-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.

-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:

-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?

-Sí.

-Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.

-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.

-No sé.... en el monte acaso.

-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!

Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:

-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.

Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:

-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!

Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:

-Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.

-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.

A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.

Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.

III
Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.

-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.

Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.

Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.

-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.

Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.

Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.

Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.

-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?

Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.

El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.

Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.

Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!


IV

Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.
¡FELIZ NOCHE DE LAS ÁNIMAS!